NOCHE SANGRIENTA EN LA CAPITAL (3)
Los pasos de He Yin solo hacían que suavizarse al notar quién estaba detrás de aquella puerta. Sus emociones empezaron a fluir a pesar de estar totalmente selladas en un rincón de su oscura y podrida alma.
— Sí… Esto ayudará.
Sus manos rápidamente fluctuaron tocando el suavemente el pomo que parecía tardar años en girar. Con suavidad y sin acelerar el proceso, abrió con disimulo aquella puerta y encontró lo que buscaba.
Allí en una habitación enorme rodeada de cuadros lujosos y muebles de alta calidad podía ver el cuerpo de una chica arropada con una fina sábana de materiales semi-translúcidos. Aunque por un segundo He Yin confundió su mente, rápidamente recobró sus sentidos y sonrió pacientemente.
Sin alzar mucho la voz, se giró hacia Syllia y puso un dedo en sus propios labios indicándole que no hiciera ruido.
Ella aceptó con un movimiento de cabeza aunque estaba algo inquiera. ¿No estaban en el mismo palacio de la capital? Si eran encontrados allí nadie podría escapar de la ira del rey.
He Yin despreocupado caminó por la habitación y en pocos segundos se puso al lado del lecho que permanecía suavemente recogido con la figura femenina en su interior. Las manos del joven acariciaron el pelo de la mujer con rostro desfigurado.
Lisa aún no despertaba a pesar de notar una fría mano alisando los cabellos extendidos de la misma. Cuando notó la sensación, sus ojos vagamente diferenciaron la figura sentada al lado de ella.
Su sorpresa hizo que diera un grito corto rápidamente silenciado por la mano de He Yin.
— ¡Por fin despiertas! Ya creí que debería haber empezado esto sin ti. Habría sido una lástima, ¿verdad?
Lisa puso ojos de auténtico terror mientras observaba a He Yin que tenía su mano derecha en su boca para evitar que hablara y la izquierda acariciándole aún el pelo. Syllia notaba algo extraño en él, más de lo usual.
— Voy a hacer preguntas y tú responderás. Si la respuesta no me convence…
Las manos de He Yin desarrollaron unas púas de hueso afiladas que tocaron la pálida piel de la joven horrorizada. Su cabeza hizo sí varias veces con un gesto rápido.
— Buena chica. Por cierto, si me mientes lo sabré. No me hagas perder mucho más tiempo.
— …
— Bien. Ahora te destaparé la boca. Si haces el más mínimo ruido, te aseguro que no encontrarás paz en el más allá. Alzaré tu alma como un horrendo y pútrido no-muerto para que tu conciencia sea destrozada un millón de veces mientras eres usada de formas inimaginables como un saco de entrenamiento.
La idea de no descansar jamás era algo que nadie quería desear. Mucha gente pensaba que la muerte era una forma de paz después de toda una vida de servicio pero si alguien era capaz de quitarte eso, solo podía ser llamado monstruo.
— …Moriré, ¿no es así?
He Yin sonrió cálidamente.
— No. No morirás. Si me dices lo que quiero oír no morirás, puedo prometerlo.
Lisa no sabía si podía confiar en él pero ahora mismo no tenía más opción. Ella recogió las sábanas y las envolvió alrededor de su cuerpo desnudo abrazando sus piernas en el borde del lecho.
— Bien, me alegro que podamos conversar. Tú sabes quién soy, ¿no es así?
— …Sí.
— Bien, ¿de qué me conoces?
— Se…. se te invocó. Eras uno de los novatos del pabellón inferior.
— Interesante. ¿Por qué se invoca a la gente?
— P-por diversión unas veces. Yo fui invocada para ser vendida como una atracción. Al final los que venimos de otros mundos no somos más que mercancía.
— Pero tú estabas en el palco. No eres una esclava, ¿no es así?
— Si sobresales mucho por tus… habilidades únicas… puedes llegar a hacerte un lugar en Black Raven.
He Yin no tardó en notar esa detención entre palabras.
— Bien. ¿Tú recuerdas dónde morí?
— Sí, yo vi cómo fuiste asesinado por el lagarto demoníaco durante la batalla en el coliseo vergonzoso. O eso creí yo, porque estás vivo.
— Así es. La inmortalidad tiene la mala costumbre de llegar cuando no tienes nada que perder. Bien, empecemos con las preguntas más útiles. ¿Quién liberó a la bestia?
— …Yo no…
He Yin sonrió de una forma extraña mientras Lisa recibió un escalofrío por su espina dorsal.
— …Yo perdí dinero. Fue… fue mi culpa. Nosotros apostábamos dinero por ver quién moría y yo aposté mucho dinero en tu contra pero tú sobreviviste. Yo entonces hablé con alguien con conexiones para que acabara contigo por la humillación de…. de haber perdido mi dinero.
El nigromante suspiró exhausto de la misma historia. Al final el ser humano era un monstruo de dudosas costumbres; un insecto que vagaba entre los bienes materiales y la lujuria sin nada más que una pequeña parte de lógica común para aplicar a los demás.
— ¿Cuánta gente sabe de mí?
— …¿Cómo-?
He Yin ahora alejó la amabilidad del tono de su voz volviéndose más oscura y penetrante, haciendo que cada sílaba salida de sus labios provocara sensaciones de horror al ser oídas a pesar de ser expulsadas tan dulcemente.
— Cuánta gente sabe de mí.
— ….Yo solo hablé de esto con el Rey… Pero él simplemente no me creyó…
— Quiero pensar que la explosión de la base de esta basura no pasó desapercibido. ¿Qué se sabe del asunto?
— El Rey envió a varias tropas de reconocimiento al área… Yo no sé más… ¡L-lo juro-!
Syllia miraba la situación entre ambos mientras de reojo vigilaba la puerta. No quería que entraran invitados inesperados.
— ¿Sabes? Te creo. Quiero pensar que esto seguirá siendo un secreto.
Lisa miró con cierto alivio a He Yin al notar que se había levantado de la cama.
— ¿Entonces me crees?
— ¿Debería no hacerlo? Como prometí no te mataré.
Y así era. Pero…
He Yin se levantó la manga de su abrigo y mordió furiosamente las venas de su propio brazo derecho. De un tirón seco, un montón de sangre brotó furiosamente del brazo del nigromante que creaba profundos charcos carmesí desprendiendo un metálico olor.
— ¡¿Wha-?!
He Yin entonces sujetó la cabeza de Lisa y con fuerza obligó a beber de la sangre que brotaba desde su herida muñeca. Lisa forcejeó pero únicamente consiguió liberarse cuando sin esperanza tomó de ese metálico líquido.
Cuando He Yin apartó su muñeca ensangrentada, Lisa tosió bruscamente.
— ¡¿No prometiste no hacerme daño?!
— Y así es, no te mataré pero debo asegurarme de que obtengas tu merecido. La única amiga que he tenido fue asesinada por vosotros, escoria. Esto debe ser vengado.
— ….
He Yin entonces levantó la palma. Un círculo de colores varios apareció de ella y las auras envolvieron a la joven Lisa que pronto se desmayó en la cama sin fuerzas.

Syllia miró sin entender nada y pronto corrió al lado de su maestro cuando vio la cantidad extremadamente alta de sangre que brotaba de su muñeca sin control. A pesar de que se arrancó un pedazo de tela para envolver la herida, poco a poco la misma se cerró sin mucha dificultad.
— Bien, Syllia trae a un cadáver de los que hay en la entrada, déjamelo aquí y vámonos. Tenemos cosas que hacer.
◆ ◆ ◆
Los ojos de la joven Lisa se abrieron poco a poco. Su cabeza dolía como si hubiera recibido un millón de golpes consecutivos. Cuando sus manos acariciaron las sábanas en busca de un punto de apoyo notó algo húmedo.
Sus yemas pronto pudieron notar que no parecía ser agua, mucho menos algún tipo de bebida. Era, sin ningún lugar a dudas sangre. Su mente pronto volvió a los sucesos de los que tenía recuerdos hace no mucho.
— …¿Estoy viva…? ¿Estoy bien?
Sus manos pronto se acariciaron el cuerpo en busca de heridas pero no encontraron nada fuera de lo común excepto una cosa. Su rostro desfigurado había vuelto a la belleza de la que hizo gala tiempo atrás.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación notó otro cuerpo a su lado no muy lejos. Cuando sus ojos se enfocaron en él notó que llevaba una armadura.
Eso era, sin duda un guardia de palacio.
— ¡Ah!
Lisa se sobresaltó hacia atrás casi golpeándose con uno de los pilares de madera que sostenían la cama.
— ¡¿Qué es esto…?!
Pudo ver que habían más cuerpos pero todos a excepción de uno habían sido destripados de formas terribles. Habían sido mutilados sin piedad y habían lanzado sus intestinos por todos los rincones creando atroces figuras decorativas.
Solo la figura de su lado parecía en buen estado. Su estómago se revolvió por un segundo pero, casi al instante sus ojos brillaron levemente.
Aquél cuerpo pronto empezó a parecerle apetecible. Sin control sobre sus acciones, su cuerpo desnudo y barnizado en líquido carmesí alzó su boca y asomó cuatro terribles colmillos, dos en cada columna de dientes y apretó en el cuello del guardia muerto.
Como si notara un dulce néctar bajar de su garganta, los labios rojos de pasión sorbían sin piedad la sangre del guardia que pronto sabría que estaba inconsciente y no muerto. Mientras más bebía de él, más fuerte se notaba ella.
Mientras aún continuaba alimentándose, de su espalda aparecieron dos alas vampíricas muy parecidas a la de los murciélagos de su mundo de origen. Sus pupilas se llenaron del color rojo que hacía gala toda la habitación y sus uñas se afilaron contra su voluntad.
Cuando su estómago se llenó por completo, Lisa apartó el cuerpo y sus ojos volvieron a la normalidad.
Ella vio todo aquello y arcadas vinieron desde las profundidades de su corazón lanzando toda la sangre que había bebido. Devolvió todo lo que había bebido con asco notando todo aquél líquido resbalándose por su garganta.
— ¡¿QUÉ HICE?! ¡¿QUÉ ME HICIERON?!
Lisa pronto saltó de la cama y mareada buscó algo de ropa con la que cubrirse. Estaba claro que si veían esa situación todo tipo de malentendidos surgirían así que su opción era huir lo más rápido posible.
Pronto, en su mente recordó lo que He Yin le había dicho.
“No te mataré”. Definitivamente él había cumplido su palabra. No necesitó matarla para que su vida se arruinara de la peor forma posible.
Sus cuerpo desnudo cubierto por la sábana totalmente húmeda formó la capa que le permitiría salir del palacio como pudo. Sus pies desnudos pronto notaron el frío toque de las piedras fuera de su alcoba.
Por algún motivo, no encontró guardias en su camino saliendo de palacio. También por ser la torre de invitados y no la habitación de la realeza quizás la seguridad era menor.
A lo lejos podía ver un montón de llamas de colores negros y rojos que parecían flotar en uno de los barrios artesanos. Como una polilla atraída por la luz ella pensó que allí podría recibir ayuda. Si hacía creer que esto había sido obra de los perpetradores quizás pudiera librarse.
Corrió y corrió ante la vista de los transeúntes que la miraban escandalizados y llamaban a la guardia que no respondía debido a la gravedad del barrio artesano.
Cuando ella creyó estar a punto de desmayarse, encontró a He Yin y a Syllia caminando por ese mismo camino. Ambos parecía mirarla de reojo con una ligera sonrisa.
— ¡Tú…!
Lisa ardía de ira en su interior. Sus garras involuntariamente crecieron y rápidamente se lanzó contra el nigromante sin saber que de nada serviría. Syllia rápidamente contrarrestó el golpe con una pequeña daga de bolsillo y la empujó hacia atrás.
Ella fue una invocada talentosa, pero no era talentosa para el cuerpo a cuerpo. Cuando recobró su postura en mitad de la calle, unas frías estacas de hueso se clavaron en su estómago y cadera.
— …….
Su boca se abrió solo para expulsar el preciado líquido de la vida. Sus rodillas desnudas se clavaron en el suelo notando la presión de las dos dagas en su interior.
— …….
He Yin rió de buena gana.
— Deja de hacerte la idiota. Un vampiro no morirá por eso. Levántate y vámonos tenemos cosas que hacer.
Cuando Lisa extrajo las dos dagas de hueso, las heridas poco a poco fueron regenerándose como si jamás hubieran existido.
Ella miró a He Yin sin entender nada.
— Ahora eres lo que antes llamabas un monstruo. Este mundo ya no te corresponde. Podría haberte matado pero no necesito más muertes a mi mando. Quería experimentar y fuiste el sujeto de pruebas perfecto.
— Yo…
— No guardo rencor hacia ti. Si así fuera habría acabado contigo en un momento. Fuimos arrancados de nuestro mundo por diversión. Y aún así decides proteger a esa basura que llamas humana. Toma tu decisión pero déjame decirte algo.
La presión del ambiente pronto se volvió casi insoportable.
— Cualquiera que no esté conmigo está contra mí. No tengo piedad con mis enemigos.



